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Hemos venido hablando de la importancia de los hábitos en el desarrollo del cerebro, les he venido compartiendo información acerca de lo definitivo que es el desayuno, también el gran impacto de las hora de sueño. En esta ocasión quiero hablarles del ejercicio físico puntualizando un tema para mucho olvidado, pero de gran trascendencia para el desarrollo integral del cerebro: el juego libre.

¿Qué es el juego libre?

Si hablamos de ejercicio físico, esto nos lleva a pensar en la práctica de deportes, o en caminar, hacer aeróbicos, entre otros, sin embargo, quiero explicar más profundamente qué es el juego libre para que entendiéndolo podamos aprovechar todas las bondades nos aporta, darle la importancia y favorecerlo, sobre todo durante la infancia y la adolescencia. 

Características 

No estructurado: El juego libre tiene la principal característica y ventaja de venir sin reglas ni estructuras, por tanto, son los participantes los que definen éstas como parte misma del juego. 

De naturaleza no literal: En el juego libre jugamos “como si”, es decir que podemos jugar “como si el árbol fuera un cohete”, “como si la cama fuera un teletransportador”, “como si la cobija fuera un traje que me vuelve transparente”, en fín, como la imaginación alcance. 

Espontáneo: El juego libre es aquel que se da sin intervención, sin ser una obligación impuesta por nadie, especialmente por los adultos (esto no quiere decir que no puedan participar los adultos, puede darse juego libre entre madre/padre e hijos, entre abuelos y nietos, etc), lo que lo diferencia es que es realizado por voluntad propia, sin un estímulo externo y sin ninguna recompensa más allá del mero placer. 

Placentero: Para la persona que realiza el juego libre, este le aporta sensación de agrado, y esa es la única razón por la que lo practica. 

Libre:  Como su nombre lo indica, cuando juegan a lo que quieren el niño o niña, tienen la posibilidad de escoger y dirigir su forma de actuar y de pensar. 

Se adapta a la etapa evolutiva: Esto quiere decir que se da de acuerdo a la edad y el desarrollo integral de los niños o adolescentes. Esto es maravilloso, sobre todo porque el niño o niña es protagonista y creador de sus propias aventuras, y es un ensayo empoderador para su vida adulta.

Libre de estereotipos: Cuando los niños deciden a qué jugar, cada uno desempeña un rol que le apetece o acepta, libre de todos aquellos estereotipos incómodos que cada vez más tempranamente son impuestos por la sociedad. Esta libertad les permite no sólamente disfrutar más plenamente de la actividad, sino que va co-creando su personalidad y refuerza su autoestima.

Espacios para jugar libremente

El sitio para jugar libremente es de la misma naturaleza: libre, es decir que puede darse en el parque, en diferentes espacios de la casa, en la playa, en una montaña, en la casa de un amigo, en el supermercado, en el colegio, en espacios deportivos, en espacios académicos de ciencia, música, entre muchos otros.

Participantes

El juego libre puede darse de forma individual o en grupo, en ambos casos tiene beneficios importantes para el desarrollo del cerebro.

Inicialmente el juego se da de forma individual, luego con la madre, hasta los 8 meses de edad el bebé asume que es una misma persona distinta a la madre y la integra de manera natural en su juego.

En los siguientes años de vida el juego libre puede darse de forma individual o colectiva, ambos tienen beneficios para el jugador o jugadores, y dado que es libre no hay limitación en los participantes, pueden ser los padres, los hermanos, los pares en el colegio, los primos, los amigos del vecindario, los abuelos, los compañeros de cursos, entre muchos otros.

¿Desde qué edad aparece?

Existen evidencias que indican que desde el vientre materno ya se dan estos primeros “juegos libres”. El que está por nacer juega con su propio cuerpo, con el cordón umbilical y con su madre mediante respuestas a estímulos, la conocida “patadita”, es unos de los primeros juegos libres entre madre e hijo

La importancia de la madre en el juego libre

La madre cumple un rol fundamental para el desarrollo del juego libre del niño o niña, entre otras muchas razones, las que quiero compartir por su relevancia son:

Modelo: Es la madre la que muestra al hijo o hija cómo juega, acepta condiciones y también las propone, por ejemplo en el momento de amamantar al bebé, es con la madre la que se inician los juegos de miradas, de caricias, de canto, de movimiento, de acuerdo al momento y a la conexión con el bebé.

Compañera de Juegos: La madre es la primera persona con la que el niño juega, es a ella a quien le muestra lo que ya sabe hacer y la madre integra estimulando la curiosidad y la creatividad. Para los niños es muy importante la mirada de su madre, su compañía y “complicidad” en sus juegos.

Favorece: Es la madre la que permite que el niño explore y es ella quien crea o lo expone a entornos seguros para que el niño pueda libremente jugar. Por ejemplo cuando quiere jugar con agua, con jabón, con arena, con tierra, con masa, etc. El niño o niña disfrutarán tanto como la madre lo favorezca dentro de espacios seguros para ello.

Bases del Juego: Es la madre la que inicialmente transmite, negocia y acepta bases y reglas de cada espacio no estructurado, por ejemplo si el niño o niña juega en la cocina con las ollas y las cucharas grandes, es ella quien limita por ejemplo los platos que se rompen para que no se haga daño, es en esos momentos cuando la madre muestra que el juego puede darse llegando a acuerdos y negociaciones que favorezcan el momento del juego.

Recursos: La madre usa una serie de recursos que se convierten en componentes del juego, que su hijo o hija imita y a partir de ellos creará otros. Los recursos son ilimitados puesto que la base del juego libre es que es no literal, por ejemplo la mesa puede ser un barco, la comida puede ser las presas que atraparon los pescadores, las cucharas y tenedores pueden ser los pescadores. De esta forma la madre entrega a su hijo o hija recursos de imaginación, creatividad, empatía, administración de espacio, comunicación, entre muchos otros, que luego el niño o niña integrará de forma natural en sus propios juegos.

Integra: La madre es quien integra a los otros miembros de la familia en el juego de su hijo o hija, y luego integrará a la sociedad, es bien conocido el gesto de un bebé cuando una persona extraña le habla o quiere jugarle, el bebé voltea a mirar a su madre esperando un gesto de “aprobación o desaprobación” antes de entablar contacto con la persona para él extraña.

¿Por qué es importante el juego libre para un cerebro en desarrollo?

El juego libre, por su naturaleza espontánea y las características que ya hemos nombrado, es base fundamental del aprendizaje.

amentablemente es poco valorado socialmente y a veces asumido como una actividad de descanso o esparcimiento pero no de aprendizaje. Es todo lo contrario, el cerebro crea un sin número de conexiones y desarrolla muchas habilidades trascendentales para el desarrollo durante el juego libre. Para ilustrarlo con más detalle, comentaré particularmente algunas, entre muchas otras habilidades, que refuerza el juego libre:

Comunicación: Las habilidades de comunicación son fundamentales en el desarrollo de todo ser humano, de hecho siguen en evolución durante toda la vida, sin embargo es la infancia la época más importante para adquirir las bases de esta habilidad. Cuando el niño o niña decide iniciar el juego libre, uno de los primeros pasos es acordar  a que queremos jugar, esto genera una magia que se da llena de códigos sociales y comunicación verbal y no verbal, en el caso que el juego se de en grupo. Es en ese momento cuando y durante todo el juego en dónde la comunicación es fundamental y se desarrolla de varias formas, por ejemplo cuando se comienza a aprender códigos sociales, forma de proponer las ideas, de refutarlas, de exponer un acuerdo o desacuerdo y llenar el juego de diálogos, que son el principal elemento de la comunicación.  

Cuando el juego es individual, igualmente se da la creación de diálogos con los elementos y recursos que el niño o niña integran al juego, por tanto también aporta muchos beneficios en el desarrollo de las habilidades comunicativas. El juego libre aporta la oportunidad de poner en práctica todos los recursos del lenguaje, el vocabulario, las reglas gramaticales, las estrategias de comunicación, entonación, desarrollo fonético, al mismo tiempo que el lenguaje no verbal, que integra a su vez la inteligencia emocional al ser capaz de interpretar lo que se expresa sin palabras: gestos, tonos, silencios, etc. 

Negociación: ¿A qué jugamos y cómo jugamos? Esta es la primera pregunta en un juego sin reglas, y son los participantes los que deben llegar a un acuerdo, y cuando hablamos de acuerdo hablamos de negociación. Y es que negociar estará presente durante toda la vida del ser humano. El juego libre permite a los niños sentirse libres de proponer sus propias reglas, de crear sus propios acuerdos y de tomar sus propias decisiones. 

Toma de Decisiones: Cuando no tenemos límites, cuando la libertad nos rodea, entonces podemos decidir nuestra forma de actuar y de pensar. En esa infinidad de posibilidades comienza uno de los procesos cognitivos de mayor importancia y a la vez dificultad: la  toma de decisiones. El juego es un escenario ideal para desarrollar, fortalecer y aprender a tomar decisiones: ¿Qué quiero y que no quiero?, ¿Qué acepto y qué no?, ¿Cómo me gusta y cómo me disgusta?. El juego libre es un ejercicio social y a su vez introspectivo, donde el niño y niña aprenden de su entorno pero también aprenden a conocerse a sí mismos, y a actuar en armonía con ese conocimiento.

Autonomía: Si los niños pueden tomar sus propias decisiones en el juego, entonces son autónomos, en su mundo ideal, en el que ellos mismos pueden lograr objetivos con su imaginación, sus recursos, y sus habilidades. Con el paso de los años ese mundo irreal se va convirtiendo poco a poco en el mundo real. La profesión de los adultos, normalmente (aunque en otros casos diría que idealmente) está ligada al juego que más nos gustaba jugar de niños. 


Responsabilidad: Si somos capaces de enfrentar las consecuencias de las decisiones que tomamos, entonces puede decirse que somos “personas responsables”. En el juego libre los niños aprenden a responsabilizarse, así sea en un plano irreal, de sus propias decisiones. Por ejemplo, si el juego es una guerra contra los piratas, y matan al enemigo, y el enemigo es su amigo en la vida real, con el que está jugando, entonces ¿con quién jugará? No es poco común escuchar a los niños decir ”entonces vivías otra vez”, “entonces volvías”, “entonces podías”, ese “entonces”… ejercita esa responsabilidad que viene después de tomar las decisiones en el juego, y así el juego libre se convierte en un pre-ejercicio de roles en la vida adulta.

Creatividad: La imaginación es la base de la creatividad, la cual se desarrolla con toda autonomía en el juego libre. Es fantástico tener la capacidad de crear espacios de juego en los que un árbol es la madre naturaleza, un puente es un barco enemigo y las palomas de un parque son los enemigos que nos están invadiendo, el arroyo puede ser un rodadero y nuestro refugio es una inmensa piedra invisible, que se cierra y así desaparecemos a la vista de los invasores.

Tolerancia al fracaso: Ya sabemos que no es necesario inventarse el fracaso, el entorno y el mundo real ponen los límites que nos llevan al fracaso y luego a la frustración. Para ilustrarlo podemos pensar en el momento que un niño de 3 años está formando una torre, que en su mente es su castillo, su más preciada propiedad, en un instante pone mal una ficha y se cae todo, se cae su ideal, se cae su construcción que le había costado esfuerzo, tiempo, dedicación, y viene el fracaso. En ese momento el niño se enfrenta al fracaso y debe tomar una decisión: ¿Desisto o insisto? Por otro lado, en los juegos grupales así sean libres, se pueden dar ganadores y perdedores, cada participante debe tomar decisiones frente a sus fracasos en la actividad, estas oportunidades de enfrentarse al fracaso, desarrollan no solamente su tolerancia, sino otras grandes habilidades que serán fundamentales para el resto de la vida, como la perseverancia, la toma de decisiones, la negociación, la empatía y la reconocida habilidad que últimamente en el mundo ha sido definitiva para todos como seres humanos: la resiliencia.

Motricidad: El juego libre desarrolla habilidades motoras tanto finas como gruesas, dependiendo el juego que hayan decidido. Es fascinante observar cómo los niños integran el movimiento en el juego, y dan todo lo que tienen, sobretodo cuando el juego no es estructurado porque tienen oportunidad de moverse como su propia autonomía lo indique, tanto si es en un espacio abierto, como en un espacio interior, por ejemplo cuando cuando juegan a ser médicos, chefs, cantantes, en fín, en todos los juegos el movimiento es implícito, con todas las ventajas motrices y cognitivas que esto conlleva.

Desarrollo de la personalidad: El juego no estructurado es un pre-ejercicio de roles de la vida adulta, cuando los niños pueden jugar a lo que quieran, al observarlos podemos conocer los talentos que vienen tan integrados en su ser de forma natural, algunos se ponen a dibujar, otros a bailar, otros quieren ser el /la profesor(a), otros arman un equipo, etc. Esta posibilidad de poder “jugar a lo que yo quiera”, genera en los infantes y adolescentes gran confianza y refuerza el autoestima. Recomiendo definitivamente tener estos espacios siempre, no importando la edad. Todos debemos tener el espacio de jugar a los que queremos jugar.

Valores éticos y morales:  Durante el juego, no sólamente se reflejan los valores de cada participante sino que se crean, es importante que un adulto responsable esté pendiente si no en el papel de participante, sí como observador para atender los casos en los que el grupo necesite moderación en valores. Durante un juego individual también se expresan, refuerzan, y forman los valores éticos y morales, por tanto también constituyen un elemento de gran importancia para reflexionar, aclarar o transmitir valores.

Desarrollo cognitivo: El juego necesita de por sí varias habilidades cognitivas, la posibilidad de jugar desarrolla y refuerza estos “poderes cognitivos”, que son entre otros: capacidad de análisis, de concentración, de abstracción, de síntesis, de generalización, etc. Es importante dar este tiempo a los niños, que tengan un espacio en la ocupada agenda que algunos manejamos desde la infancia. En mi labor como madre, tengo un programa para que practiquen matemáticas y lectura a diario, alrededor de 15 minutos, es una herramienta excelente porque me da la tranquilidad de saber que ellos están desarrollando sus “poderes académicos” pero a la vez les toma poco tiempo. Me encanta porque cuando un niño o niña tiene bases firmes en matemáticas y lectura, entonces las otras materias por consecuencia se facilitan, el tiempo de tareas se reduce y como madre puedo dejar este espacio para que jueguen a lo que quieran. La recomiendo con toda confianza, se llama Smartick  y puedes consultar tarifas especiales aquí.

Con toda esta información, lo que quiero transmitir es la definitiva importancia que tiene el juego libre, en mi opinión tanto en la infancia, adolescencia y en cualquier edad. Espero que saquemos al juego libre de ese cofre escondido en el cual a veces están los tesoros y lo aprovechemos más que una herramienta de descanso y esparcimiento, como lo que es: una herramienta fundamental para el aprendizaje y el desarrollo integral del cerebro.

Como siempre, te invito a que me comentes este artículo, me cuentes los juegos libres que te inventabas cuando niñ@ y cúal era tu favorito. Además te invito a que le compartas este artículo a quien creas que le sea de utilidad. Seguimos en contacto, encuéntrame en FB e IG como @c3r3bration.