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, Encontrar al miedo como un amigo, como una guía, como un maestro que enseña, permite aprender a relacionarse con esta emoción. No querer evitarla sino reconocerla, acogerla y actuar con ella presente es, en mi opinión, la clave para lograr que esta emoción actúe a nuestro favor y el de nuestr@s hij@s durante toda la vida.

En los siguientes 10 pasos te compartiré cómo transformar la forma de relacionarnos con el miedo, y en vez de tratar de evitarlo, abrirle la puerta de nuestra mente a este invitado, que siempre viene a dejarnos valiosas lecciones:

  1. Expresarlo: “Mami, tengo miedo”. El paso más importante es precisamente reconocer la emoción, en este caso el miedo. Se necesita ser valiente para admitir que tenemos miedo, y como apoyo a nuestr@s hij@s debemos comenzar por reconocer esa valentía en esa pequeña frase cuando confiesa: “mami, tengo miedo”.  Darle nuestra atención es la forma más sabia de corresponder esa confianza.
  2. Nombrarlo: Luego de reconocer la emoción es valiosísimo nombrarlo, apoyar este paso es decir: “¿de qué tienes miedo?… ¿por qué?” Parece obvio pero no lo es, y es el principio de la inteligencia emocional: aprender a reconocer y nombrar las emociones. 
  3. Escribirlo o dibujarlo: Esta es una poderosa estrategia para niñ@s, jóvenes y adultos.  Cuando escribimos utilizamos la zona “racional” de nuestro cerebro, y es la forma de sacar al cerebro de la reacción primitiva para entonces poder actuar con soluciones racionales y lógicas, cuando la amenaza no genera literalmente la necesidad de huir o luchar. La instrucción es escribir “tengo miedo a …, porque…” con las palabras y el nivel de detalle que el niñ@ o jóven necesite para hacerlo. Otra forma igualmente válida es pedirle que lo dibuje, las artes son un medio de expresión, igual que la escritura, dibujar nos implica organizar nuestras ideas, y así es como recomiendo preparar a nuestro cerebro para enfrentar la amenaza, el peligro o la situación que esté generando el miedo.
  4. Ubicarnos en tiempo y espacio: Ubicar al niñ@ en el tiempo y espacio reales equivale a nombrar en dónde estamos, y el tiempo del contexto. Por ejemplo si está aprendiendo a montar en bici, y tiene miedo de caerse, podemos ubicarlo en el espacio y espacio: “tranquil@, es de día, puedes ver por dónde vas, podemos ir por el pasto si prefieres, estamos en el parque y no pasan carros, y estoy cerca de tí”.
  5. Preguntar: ¿Qué es lo peor que puede pasar? Esta pregunta también aplica para cualquier edad es muy poderosa frente al miedo tanto para adultos como en la infancia y adolescencia. Si me caigo de la bici, ¿qué es lo peor que puede pasar? Que me raspe, que me parta un hueso, que me duela. Entonces, si eso es lo que puede pasar, ya tenemos el problema un poco más descrito, y podemos plantear soluciones: ¿te sentirías más seguro si utilizas protección? ¿prefieres comenzar en el pasto?
  6. Cuestionar: ¿Te has caído antes? ¿Te has levantado? Nuevamente, esto depende de la edad, no estoy narrando soluciones masivas para aprender a montar bici, porque somos seres únicos y familias irrepetibles, lo que quiero remarcar es lo importante que es enseñar a cuestionar sus miedos desde los primeros años, a preguntarse siempre ¿por qué?, ¿para qué?, ¿es verdad lo que me dicen?, etc.
  7. Proponer soluciones: La resolución del miedo puede ser muy variada. Con un problema nombrado y definido es posible plantear variadas formas de resolverlo y es precisamente allí donde podemos enseñar a nuestros hijos a no tenerle miedo al miedo, sino a verlo como un guía, como un maestro, que en mi opinión, es lo que es.
  8. Particionar la solución en pequeños logros: El miedo es en mi concepto una herramienta protectora, como ya lo he mencionado, y está bien tener miedo. Lo importante es buscar lograr nuestros objetivos con ese miedo presente en un entorno lo más seguro posible contemplando por supuesto la incertidumbre. Para lograrlo quiero nombrar el caso de montar bicicleta; la falta de equilibrio y la posibilidad de caerse produce miedo ante un peligro que es real, para solucionarlo podemos partir la solución en pequeños logros que sean alcanzables y seguros en lo posible. Para el “miedo a caerse” podemos comenzar con el equilibrio, mejor comenzar por ganar el equilibrio y quitarle los pedales a la bicicleta y aprender a estar firmes en ella, a caminar, a rodar con una pierna (como patineta), con la otra, con las dos, a voltear con las dos piernas arriba, en fin, aprender a equilibrarse en la bicicleta, incluyendo el miedo a caerse y actuando coherentemente frente a ese miedo. Si siento que me voy a caer puedo poner las piernas y frenar de forma inmediata. Cuando ya solucioné el miedo a caerme desarrollando mi equilibrio entonces puedo comenzar con los pedales, luego con los obstáculos, luego con subir y bajar andenes, y poco a poco el miedo te irá mostrando que estás capacitado para despedirlo, pero el miedo fue importante en el proceso, te ayuda al autocuidado, a protegerte, a saber frenar, a saber avanzar y finalmente, cuando no te es útil, se va.
  9. Memoria del logro: Esto se refiere a enseñar a recordar cuando el niño superó el miedo en otros contextos. Una vez logras superar el miedo y percibirlo  como un buen amigo que viene sólo cuando lo necesitas y se va cuando ya no te es útil, ese es el momento que como mentora madre debes aprovechar el hecho estar ahí para ayudar a crear memoria de logro a tu hijo o hija, y siendo una compañía favorable, nombrar que el miedo se fue ayudándole a reconocer que ya no tiene miedo, y enseñarle a guardar en su memoria esa sensación de logro y poder, factor clave para formar un autoconcepto positivo. La razón de hacer esto es que cuando vuelva a tener miedo, es la forma de enseñarle a no tenerle miedo al miedo (aprender de la experiencia), sino invitarlo a pasar, como a un nuevo amigo a su casa, y aprender de él lo que en ese momento esté viviendo y necesite asimilar para luego, nuevamente dejarlo ir. En el ejemplo que venimos manejando, luego de aprender a montar en bici, puede pasar que tenga miedo a aprender a nadar puede ser el siguiente desafío, y en ese momento, cuando tiene pánico de soltarse en el agua, es cuando puedes decirle, “¿Recuerdas cuando no sabías montar bici? ¿Recuerdas del miedo que sentías?, ya sabes montar, tranquil@, estoy segura que vas a aprender a nadar, porque no es más difícil que caminar o montar bicicleta, y eso ya lo sabes hacer”. Y comenzar nuevamente el proceso para ayudarle a superar el miedo para poco a poco y particionando los logros, ir despidiéndose como a un buen amigo que vino de visita y otra vez se irá.
  10. Las cicatrices: Es verdad que también existe el miedo postraumático, cuando las cosas no salen bien, cuando cometemos errores, pero un error es sólo eso cuando no aprendemos de él, así que atreverse a mirar las cicatrices y nombrar qué aprendimos con esa cicatriz es de sabios, denota autoconocimiento y sobre todo valentía.

Esta es la forma que recomiendo ver al miedo, como un buen amigo que viene de visita en el proceso de aprendizaje, es necesario, ¿te imaginas alguien que no tenga miedo? ¿estaría en mayor peligro?. Nos orienta como una brújula para ir avanzando poco a poco en el camino del aprendizaje con la precaución y cuidado necesarios.

Qué se vale:

Con los miedo, siendo padres se vale decir:

Yo también tengo miedo: Y es verdad, puede que sea necesario que ciertas cosas tus hijos las aprendan con otro mentor o que tu las aprendas a su lado, porque no las sepas encarar. Este proceso de 10 pasos también lo puedes aplicar.

 

Sé que estás asustado pero necesito que confíes en mí: Hay situaciones en las que no es posible hacer todo el proceso que les he expuesto, si la situación se trata de una real urgencia y necesitas actuar rápido en protección de tu hij@, entonces se vale decir “necesito que confíes en mí” y actuar, obviamente también dependiendo de la edad y particularidad de cada hij@ y cada familia, teniendo en cuenta que es importante después explicar, nombrar el peligro y nuestra forma de actuar.

 

Que no se vale:

Utilizar el miedo como herramienta de control: El cerebro bajo miedo tiende a paralizarse, a actuar con las mínimas capacidades ejecutivas, como ya lo hemos explicado. Lamentablemente la cultura del miedo genera control y el control poder. Puede ocurrir que consciente o inconscientemente aprendamos esos patrones de comportamiento y tratemos de utilizarlos con nuestros hij@s: “Duermete niño, duérmete ya, o vendrá el coco y te comerá”. Te invito a reflexionar: ¿queremos respeto de nuestros hijos, o preferimos inspirar miedo? ¿Qué efectos tiene cada estrategia (respeto o miedo) a largo plazo? ¡Si no comes, no creces! ¡Si no me haces caso, te irá mal en la vida! ¡Si me dices mentiras se te crece la nariz!. Todas son frases conocidas con un efecto grave en la adultez, que afectan la autoestima y el autoconcepto, la capacidad de proponer soluciones, de ser honestos y claros y el empoderamiento propio.

Devaluar la confesión “mami, tengo miedo”: Como ya lo nombre, pero vale la pena repetirlo, reconocer que tenemos miedo es un acto de valentía, y corresponder como padres, formadores o adultos responsables a esa confianza es un acto de sabiduría. Sin embargo es posible que actúen nuestros sesgos o reacciones automáticas y entonces le demos un inadecuado manejo a la situación devaluando al niñ@ diciendo con frases como: “¡no seas como una niña!”, “¡no seas cobarde!”, “¡debes ser un macho”, “¡hágale, sea berrac@!, “¡no llores que no es para tanto!”, etc. Todo esto afecta de forma directa la confianza e inhabilita al niñ@ para aprender de la situación, le confunde además porque son frases lamentablemente aceptadas culturalmente pero no claras, que no rescatan a la persona y por el contrario evitan habilitarlo para actuar en su bien propio.

Este es un tema fascinante, con el cual puede escribirse hasta un libro, espero que esta publicación pueda ayudarte y puedas ponerlo en práctica tan pronto como lo necesites con los 10 pasos para enseñar a nuestros hij@s a no tener miedo al miedo. Enseñar aa reconocer el miedo y acogerlo como lo que yo creo que es: un maestro en el camino del aprendizaje durante toda la vida.

Me encantará leer tus  comentarios y aportes, y te invito para que compartas por tus redes sociales este artículo con las personas que consideres que les es útil este tema.