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Todo error que he cometido, era necesario….

A partir de la revolución industrial a finales de 1840, apareció el concepto de 0 errores, orientado a tener una producción perfecta. Con este objetivo, algunas filosofías educativas desde entonces han enmarcado los errores desde una perspectiva negativa, buscando que tiendan a 0, preparando al estudiante como el futuro componente productor en la industria.

Sin embargo, si revisamos la historia, en los grandes inventos o descubrimientos, el error ha sido parte fundamental de ellos, y sus creadores no los han evitado, al contrario, han encontrado un espacio para el error, y no lo han ignorado o enmarcado en una perspectiva negativa, antes bien lo han gestionado.

Por ejemplo, en 1880 los mil intentos de Thomas Alba Edinson con la bombilla eléctrica demuestra cómo el error tiene un espacio en la investigación, el error tiene un espacio en la ciencia y en la vida de todos los seres humanos, un espacio positivo, necesario e inevitable.

Como padres, aún hoy podemos llegar a defender la tendencia de 0 errores, y los niños lo notan, cuando se ponen tristes por su calificación o se enorgullecen cuando “no hay errores”. Como padres, nos hemos preocupado por buscar opciones en los que el protagonismo del error tenga una connotación positiva, que gestionen el error, que lo tengan en cuenta como también los aciertos, y que el resultado sea gratificante teniendo el error como parte del aprendizaje. 

Hay una buena noticia: si existen, existieron y existirán enfoques de aprendizaje en donde el error hace parte fundamental y no lo tienden a desaparecer, antes bien, lo hacen parte para aprovechar cada intento y aprender de ellos, como es la vida real. Podemos citar a Maria Montessori, hacia 1912, con su método que aún hoy después de más 100 años, es llamado “revolucionario e innovador”, la doctora Montessori inventó a partir de la observación el material para el desarrollo cognitivo con características como la autocorrección del material: educa el control de errores del propio niño, sin la intervención del educador. 

Hoy en día, existen también herramientas, innovadoras y que trabajan al ritmo del estudiante, conocemos una que combina las ventajas de la Inteligencia Artificial y el desarrollo tecnológico con bases pedagógicas en las que el error tiene un espacio, es Smartick, nació en el 2010, una plataforma virtual en la que los niños avanzan en el aprendizaje de las matemáticas con espacio para el error, el cual es gestionado, ellos pueden corregir su sesión y les dan ticks extra, que es una herramienta de motivación, y al final importa cuantos ejercicios hiciste, bien y mal, y puedes consultar en los que fallaste y la corrección que el mismo estudiante hizo. A nosotros como padres nos encanta! Equivocarnos es parte de la vida, es lo que reforzamos en nuestros hijos, lo importante es identificar el “error”, aprender de él, intentarlo nuevamente, y eso es difícil de encontrar en soluciones educativas.

Vivimos una era donde “la perfección” es una tendencia, sin embargo la realidad es que somos imperfectos, y esos errores son parte de nuestra naturaleza y colaboran en la evolución, los errores se ven bien, por eso los jeans tienen rotos desde su confección, los diseñadores gráficos han desarrollado tendencias no perfectas que generan bastante aceptación; entonces, cuando comiences un proceso de aprendizaje hazte amigo de los errores, si no los encuentras búscalos, si se te presentan, gestiónalos y si les temes recuerda a Marie Curie cuando decía: A nada en la vida se le debe temer, sólo se le debe comprender.

-Escrito por: Andrea Mora