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Vivimos y registramos en nuestra memoria de largo plazo los sucesos que nos impresionan y crean conexiones en nuestro cerebro. Cuando somos padres o madres, nuestro esfuerzo muchas veces se enfocan en proveer esas experiencias, esas oportunidades de experimentar para nuestros hijos. Cuando somos líderes de equipos, nos ocupamos de proveer herramientas y vivencias que favorezcan el desempeño.

Según Barbara Okley, existe una delicada función del cerebro que lleva esas vivencias a memoria a largo plazo, con una característica sorprendente: Recordamos no los hechos, sino nuestra interpretación

Este descubrimiento nos lleva a cuidar como padres, educadores o líderes de un equipo nuestro lenguaje a la hora de narrar los sucesos y a la hora de opinar sobre alguien pues como seres humanos somos sensiblemente receptivos a la interpretación. 

Otra gran sorpresa es que los recuerdos son sujetos a cambios, es decir, el ser humano puede completar los sucesos con un poco de imaginación, este recuerdo se puede alterar y el cerebro lo asume como válido. 

De ahí la importancia de estar atentos al diálogo interno que existe dentro de cada uno de nosotros, ese diálogo interno está muy relacionado con nuestra infancia y las personas que acompañaron esa infancia, aunque es totalmente maleable por nosotros mismos. Un diálogo cordial, amable, favorecedor a la escucha de opiniones, de puntos de vista, con mente abierta a ver otras oportunidades y sobretodo con respeto y optimismo nos llevará definitivamente al éxito. Nuestro subconsciente tiene el control de nuestro presente, y está formado por la cantidad de pensamientos y recuerdos que hemos formado a lo largo de la vida, si nos dedicamos a guardar tesoros, cosecharemos indiscutiblemente el éxito.